lunes, 22 de febrero de 2010

¡QUE ENGAÑO!

¡Qué engaño!
Si alguien me preguntara cómo soy, le contestaría que soy una chica alegre, risueña, amable, positiva, diligente, cariñosa, compasiva… En fin, no terminaría con la larga lista de cualidades, sin embargo…

¿Qué ven los demás en mí? ¿Soy realmente como pienso que soy?

Bueno, he descubierto algo muy importante. La mayoría de las veces, no necesitamos que alguien nos engañe por que los seres humanos somos muy buenos en engañarnos a nosotros mismos y no deseamos ver nuestros errores.
¿Cuáles errores? Esos que están a flor de piel y nos cegamos para no verlos. Miren, quiero relatarles cómo los descubrí yo.

Era una tarde como cualquier otra. Me encontraba en mi habitación escuchando música cuando entra mi hermana menor a interrumpir mi sagrado descanso… o mejor dicho, a molestarme con su presencia. Si su presencia me molestaba, no quiero decirles lo que era escucharla y por desgracia, me habló. Me pidió que le ayudara a hacer la tarea de matemáticas. Había un problema que no entendía y…