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domingo, 16 de marzo de 2014
¿Dejar de Sufrir?
“Dejarás de sufrir”
Esas palabras, tal y como se escuchan, yo las oigo y no son relativamente para mí, eso creo. Todas las mañanas, en el momento en que abro mis ojos, todas las tardes, cuando estoy comiendo, todas las noches, antes de dormir, escuchó aquel sonido que parece el de un radio sin recepción en donde la estática es lo único que se escucha. Ese ruido infernal que molesta mis oídos. A veces suelo pensar que éstos estallarán en algún momento. Después de aquella ensordecedora estática, esas palabras las escucho, con una voz tan tierna y calmada.
¿Saben? Tengo miedo. Siento mucha turbación… Tal vez sea porque no puedo salir de esta indiferente habitación. Me abrazo con mis propios brazos intentando inútilmente quitarme aquel espasmo que me surge. Comienzo a moverme mucho, hasta que el vértigo me marea. Mi cabeza comienza a moverse sin control y me pregunto de nuevo, ¿por qué estoy en este lugar?
—¿Me hablas a mí?
—¿A quién más, Joe? Eres la única persona que está aquí, ¿no? —Para ese momento ella ya había elevado la voz. Sus ojos cafés como el chocolate miraban con irritación al joven de su misma edad, 23 años. Por otra parte, el joven de cabello oscuro desvió su mirada a la taza de café que reposaba en la mesa.
—Escucha Jenny.
La manera como acababa de mencionar esas palabras no le agradaron mucho a la castaña e hizo que pusiera más de la debida atención a él, pero mostrando indiferencia, colocó su mano en su barbilla y mirándolo, dijo:
—Te escucho. Sabes que soy todo oído para ti. Es lo único que he hecho estos tres meses.
El varón sonrió ante la reacción de ella.
—¡Habla! ¿Crees que tengo todo el tiempo del mundo? ¿Piensas que solo porque me gustas voy a esperarte toda la vida?
—Lo entiendo, lo entiendo —Joe levantó las manos tratando de calmarla —Te lo diré, te lo diré —guardó silencio, lo que pareció molestar más a Jenny.
Él sonrió, le regaló la mejor sonrisa que pudo darle en esos momentos, y logró su objetivo, tranquilizarla. Al verla con aquel rostro, calmado y que lo había enamorado, tomó sus manos suavemente y levantándolas a la altura de su boca, besó delicadamente aquellas pequeñas manos que por esos largos meses lo habían tocado y anunció:
—He decidido cuando será mi funeral.
Él observó como ella bajó el rostro y soltándose de sus manos, miró algo incrédula la taza donde tenía servido su té.
—Es inevitable. Debo entender que el doctor te dio malas noticias.
—Así es. ¿Irás a mi funeral?
—Creo que no —dibujó una media sonrisa para después negar, indicando de esa manera que estaba segura de su respuesta.
—¿De verdad? ¿No piensas ir al funeral de tu novio? Pensaba que me amabas.
—Tienes razón —tras un suspiro, lo miró —Lo haré, iré a despedirme de ti.
—Gracias.
Y con eso, ambos se despidieron con un apasionante beso, ya que ese sería el último día en que estarían juntos. Lamentablemente, aquel amor que cultivaron por esos tres meses, sería desvanecido. Porque la muerte los separaría de esa cruel manera. Su decisión estaba tomada.
La vida era cruel, pensaba Jenny mientras miraba con ojos cristalinos el ataúd del que iba a ser su prometido y ahora era simplemente un cadáver más. ¿Por qué la muerte se había llevado a su amado? ¿Por qué esa enfermedad le arrebató de esa forma la vida? ¿Por qué?
“Dejarás de sufrir”
Me detengo, para de nuevo abrir los ojos lentamente al escuchar esas palabras. Ahora lo recuerdo. Recuerdo la razón por la que estoy en este sitio. Prefiero mil veces estar en este mal oliente, frío y claustrofóbico cuarto; en donde lucharé por mi vida, a vivir en un mundo donde la muerte, es la mejor solución a cualquier problema.