“Lo siento mucho, pero el cáncer se lo detectamos muy tarde, sin embargo, si usted toma tratamiento puede vivir más…”
Esas fueron las palabras que han sido una tortura, mis días estaban
contados, pero a pesar de ese daño inmenso de saber que muy pronto
dejaré este mundo, no me ha sido tan doloroso como lo que más adelante
escucharía.
Yo me encontraba sentado en la sala de espera del hospital de mi ciudad,
miraba a la gente caminar y pasar por allí, de por sí que el lugar me
enfermaba, más aún ver a tanta gente enferma, no pude evitar ponerme
nervioso, así que inconscientemente movía de arriba abajo mi pierna con
desesperación, aunque lo intentara no podía tranquilizarme. Giré mi
cabeza al percibir como mi hermano Mario, se acercaba.