domingo, 16 de febrero de 2014

Rosa Manchada de Rojo



Rosa manchada de rojo​

Estoy totalmente confundido, me siento como en un laberinto sin poder encontrar la salida. Creía que había entrado en un camino de rosas a tu lado, pero me equivoqué. Ahora estás desaparecida, dejándome solo en este laberinto sin salida; me abandonaste como a un perro.

“Me engañaste, me dejé engañar”

Me decías una y otra vez que me amabas, que siempre estaríamos juntos, hasta nuestros finales; cuando lo blanco se apoderara de nuestros cabellos y lo único que podría separarnos sería la muerte.

sábado, 24 de julio de 2010

VANIDAD



VANIDAD

¿Saben? Yo, una vez, fui como el murciélago. Si, el murciélago. Ese mamífero alado de apariencia… Imagínenselo. A mí en lo personal no me gustaba, me daba hasta horror. Pero, un día, decidí examinarlo en detalle y encontré que es un animal que tiene su propio encanto. Es un animalito que, como saben, se ha hecho muy famoso hasta en Hollywood, pero, nunca le había mostrado aprecio, por que lo que me inspiraba era, como ya dije, horror, hasta un día en que me enseñó una muy importante lección.

Ese día, cómo cualquier otro, llegué a la escuela, cómo siempre, sintiéndome la reina… No, me corrijo, no me sentía la reina… ¡Era la reina del salón! ¡De la escuela misma! Los que no me respetaban, me temían. Yo hacía y deshacía lo que quería. Mis deseos eran órdenes y pobre de aquel que se negara a cumplir con una de mis exigencias. Era bastante popular tanto en mi salón, cómo en el resto de la escuela. Era bonita, tenía un novio… ¡Todas querían andar con él! Así que imagínense qué tipo de chico era ese. Mi círculo de amigos era selecto, sólo lo mejor, según yo. Los maestros me querían, me consentían y hasta me regalaban calificación. En fin, tenía un éxito rotundo, sin embargo, debo aclarar que ese éxito no lo tuve al principio cuando ingresé al instituto de educación secundaria.

lunes, 22 de febrero de 2010

¡QUE ENGAÑO!

¡Qué engaño!
Si alguien me preguntara cómo soy, le contestaría que soy una chica alegre, risueña, amable, positiva, diligente, cariñosa, compasiva… En fin, no terminaría con la larga lista de cualidades, sin embargo…

¿Qué ven los demás en mí? ¿Soy realmente como pienso que soy?

Bueno, he descubierto algo muy importante. La mayoría de las veces, no necesitamos que alguien nos engañe por que los seres humanos somos muy buenos en engañarnos a nosotros mismos y no deseamos ver nuestros errores.
¿Cuáles errores? Esos que están a flor de piel y nos cegamos para no verlos. Miren, quiero relatarles cómo los descubrí yo.

Era una tarde como cualquier otra. Me encontraba en mi habitación escuchando música cuando entra mi hermana menor a interrumpir mi sagrado descanso… o mejor dicho, a molestarme con su presencia. Si su presencia me molestaba, no quiero decirles lo que era escucharla y por desgracia, me habló. Me pidió que le ayudara a hacer la tarea de matemáticas. Había un problema que no entendía y…